Autor: Gabii
Fecha de publicacion: Lunes 29 de septiembre del 2025
En el corazón del centro histórico de Campeche, aún se conservan algunos talleres donde se ejerce el oficio de la relojería mecánica. Estos espacios, discretos y silenciosos, son testigos de una actividad que ha persistido durante décadas, pero cuya continuidad hoy enfrenta múltiples desafíos.
Origen y presencia del oficio en Campeche
La relojería llegó a Campeche durante el periodo colonial, vinculada con la llegada de comerciantes europeos y la instalación de relojes monumentales en iglesias y edificios públicos. Con el paso del tiempo, surgieron artesanos especializados en la reparación y mantenimiento de mecanismos de cuerda, péndulo o engranajes. Durante el siglo XX, los relojeros se volvieron indispensables en la vida cotidiana urbana, ocupando pequeños locales en calles céntricas, a menudo en el interior de mercados o portales comerciales.
En la actualidad, quedan muy pocos talleres activos en el centro histórico. Algunos de ellos conservan herramientas y piezas de repuesto que datan de hace más de 50 años. La mayoría de los relojeros que aún ejercen el oficio tienen más de seis décadas de edad y aprendieron el trabajo de forma autodidacta o por herencia familiar. En varios casos, los establecimientos han pasado de padres a hijos, aunque en muchos otros, las nuevas generaciones han optado por caminos distintos.
Cambios tecnológicos y desuso del reloj mecánico
Uno de los principales factores que ha impactado la relojería tradicional en Campeche es la transformación tecnológica. La producción masiva de relojes digitales y de bajo costo ha reducido drásticamente la demanda de servicios de mantenimiento. La mayoría de los relojes modernos no están diseñados para ser reparados, sino para ser reemplazados.
Esto ha provocado una reducción significativa en la clientela de los relojeros del centro. Las reparaciones que aún se solicitan suelen estar relacionadas con piezas de valor sentimental, como relojes de bolsillo heredados o mecanismos de pulsera de marcas antiguas. A pesar del esfuerzo por mantener sus conocimientos activos, los relojeros enfrentan dificultades para acceder a refacciones, muchas de las cuales ya no se fabrican o deben conseguirse en otros países.
Conocimientos y técnicas en riesgo
La relojería mecánica requiere precisión, paciencia y un conocimiento profundo de los mecanismos internos de cada tipo de reloj. El trabajo incluye el desarme completo de piezas, la limpieza minuciosa de engranajes, la sustitución de muelles y ejes, y la calibración exacta del ritmo. Estas tareas, que pueden tardar horas o incluso días, forman parte de un saber técnico especializado que no suele enseñarse en instituciones formales.
En Campeche, este conocimiento permanece principalmente en la memoria y la práctica de los relojeros mayores. La falta de aprendizajes formales y el escaso interés de nuevas generaciones han contribuido a que este saber corra el riesgo de perderse. Aunque algunas universidades técnicas en otras regiones del país ofrecen formación básica en relojería, en la ciudad no existen programas que fomenten el relevo generacional del oficio.
Valor cultural del oficio en la ciudad
Más allá de su función práctica, la relojería forma parte del paisaje social y cultural del centro histórico de Campeche. Los talleres aún activos conservan una atmósfera particular, marcada por el silencio, el tic-tac constante y la presencia de herramientas centenarias. Estos espacios, que han sido testigos del paso del tiempo en más de un sentido, representan una forma de trabajo artesanal que ha resistido los cambios tecnológicos y económicos.
Algunos relojeros han documentado su trabajo mediante fotografías o escritos personales, como forma de preservar su legado. También han colaborado ocasionalmente con restauradores de relojes monumentales ubicados en templos o edificios patrimoniales de la ciudad, donde se requiere de su experiencia para intervenir mecanismos de gran tamaño que aún marcan el tiempo de manera tradicional.
El oficio de la relojería en el centro histórico de Campeche se encuentra en una etapa crítica. La conjunción de factores tecnológicos, económicos y generacionales ha provocado una disminución drástica en el número de relojeros activos y en la transmisión de sus conocimientos. No obstante, los pocos talleres que permanecen abiertos ofrecen una visión del trabajo artesanal en su forma más precisa y meticulosa, ligada al ritmo pausado de una ciudad que todavía conserva huellas de su historia en los oficios que la habitan.